jueves, 18 de febrero de 2010

qué placentero me resultaría vomitar

Me gustaba ese rollo de salir juntos por ahí a tomar algo y devolvernos la pasta, ya sabes, el hecho de que no fueras ''la típica tía'' que da por hecho una serie de cosas dentro de las relaciones no del todo formales, como, por ejemplo, que tuviese que ser el hombre quien pagase hasta el último céntimo.
Siempre hubo algo ahí, no se si algo más bien amistoso o una atracción oculta. Por mi parte ya sabes lo que siempre hubo, un sentimiento de amistad y absoluto <> además de una notable atracción sexual por las más destacadas partes de tu anatomía.
Dado que todo se tuvo que joder ahora procuro pensar en ti lo menos posible, y lo consigo. He de reconocer que durante un tiempo mis fantasías contigo fueron las más grandes aliadas de mi mano derecha en días de resaca y noches de soledad.
Sólo hay algo peor que una mujer atractiva, las que de la noche a la mañana se dan cuenta de que lo son.

domingo, 7 de febrero de 2010

un tributo

cuando me preguntaban de dónde era siempre decía que de bilbao. después, todo el mundo me venía con la misma hostia: ''no conozco el norte, pero tengo muchas ganas de ir...'', ''bilbao está muy bien, pero san sebastián es más bonito...'' o ''no voy por miedo al terrorismo''. a raíz de eso decidí empezar a decir que de vigo. nadie comentaba nada, o, si acaso, a los cinco minutos me venían a preguntar que si esto me gustaba más que LA CORUÑA. nunca me llegó a quitar el sueño, ni siquiera a me llegó a molestar, pero no dejaba de resultar gracioso.

jueves, 4 de febrero de 2010

meando por un tubito

Me viniste a ver y follamos y nos fumamos un piti después y todas esas chorradas que vemos en las películas y me hiciste un resumen de todos los tíos a los que te habías tirado ese año, diciéndome lo grande que la tenía Rafa y lo poco que aguantaba José y parecía que llevases toda la vida follándote a tíos por ahí y que eras toda una experta y que pronto te llamaría algún programa de televisión para contratarte como sexóloga y a mi todo aquello me empezó a asquear y me fui, bajé al bar y me pedí un whisky aunque fuesen las cinco de la tarde me dio bastante igual lo que opinasen el resto de personas buenas que tomaban sus cafés y leían la prensa y yo mientras no me quitaba aquello de la cabeza y me arrepentía de haberlo valorado alguna vez por lo cual tomé la determinación de hacerme monje o de cortarme el miembro y donarlo a la ciencia para ver si descubrían algo interesante, así que volví a casa, ya te habías marchado y no habías dejado ninguna nota como hacen en las películas, y me fui a la cocina, donde me encontré aquellas viejas tijeras manchadas de pescado y, si te soy sincero, en el momento me acojoné y, como de costumbre, me eché atrás y me volví a mi habitación, allí las paredes no hablaban, sólo se reían de mi, mirándome como si no tuviese huevos a hacerlo, y como en el fondo soy más susceptible y menos predecible de lo que pienso me fui al baño y me hice ahí un buen apaño y parecía aquello el Mar Rojo y pensé en todos mis amigos y en todas aquellas bellas mujeres que se estaban perdiendo algo grande, muy grande, y que jamás tendrían la oportunidad de comprobar si aguantaba más que José o la tenía más grande que Rafa. Ahora meo por un tubito.

viernes, 22 de enero de 2010

ANTE TODO LA JUSTICIA

A todos nos sorprendía tu enorme falta de talante ante el infortunio. Si bien es cierto que nos relacionábamos en un entorno un tanto hostil, repleto de nepotismo, favoritismos y demás <>, tu carencia de fe en la raza humana siempre resultó molesta. Siempre jugabas a ser el abogado del diablo, el eterno defensor de la causa de antemano perdida. Confiabas en que tú y sólo tú tenías la razón. Te resbalaban las disculpas y las justificaciones, eso no cabía en tamaño raciocinio como el tuyo. Muchas veces, esos que hacemos cosas que no están del todo bien somos los primeros en pedir perdón, agachar la cabeza o incluso ponernos de rodillas por algo que hemos hecho, mientras tú nos ilustras con tu corrección de cara a la galería y tus jugueteos con las sustancias tóxicas que, para ti, tan legales deberían de ser. Era totalmente de esperar que las cosas acabaran así, que tu orgullo fuese devorando tus amistades y que, de la noche a la mañana, nadie de la raza humana (esa a la que tanto odiabas) te pudiese tener delante. Toda tu vida se convirtió en una constante demostración, en una clase magistral impartida por el mayor conocedor de todos. El resto teníamos suerte de tenerte cerca, de que nos cobijase tu sombra. Dicen que es digno morir por una causa cuando ésta es justa, pero, si le quitamos el melodrama a dicha frase, sólo merece la pena morir por seguir viviendo. Tarde o temprano llegaría tu momento, la hora de ejecutar uno de tus famosos ‘’antes muerto que…’’. Pensábamos que sería otro de tus fantaseos utópicos, un supuesto, una forma de captar nuestra vaga atención. Y allí estábamos, fue un veintidós de enero, y, como no podía haber sido de otra forma, elegiste una sobredosis. Siempre queda bonito en la contraportada de una biografía póstuma, o cuando un joven radical se lo cuenta a una chica que se quiere ligar a los quince años. No hubo bandera, ni lloros, por no haber casi no hubo ni entierro. Yo no te quise ver por última vez, había perdido demasiado tiempo contigo y justamente en ese momento me había dado cuenta. Tiré los claveles al suelo, resultaban más bonitos cuando los vimos en aquel documental sobre la Revolución de Portugal.

miércoles, 20 de enero de 2010

3semanAs sin Beber

El otro día te despertaste y empezaste a creer que eras algo que no eres. No te empeñes, hay que asumir las cosas. Ni mecanismos de defensas ni Freud ni psicólogos podrán hacerte entrar en razón. Puede que la culpa la tenga la televisión, las computadoras, las revistas femeninas que leías en la pubertad o el tipo que te vende lo que te metes por la nariz. Tampoco pretendo dar lecciones universales, sólo pido un poco más de criterio. Un poco más de paciencia por favor, ¿no recuerdas lo que pasaba cuando intentabas pasar los cassettes hacia adelante para llegar a la siguiente canción? La cinta acababa rompiéndose. No vayamos tan rápido, sino las cosas acaban mal, y adiós al happy ending que te vendieron Hollywood y Cosmopolitan. Seguro que organizas una fiesta benéfica cuyos fondos irán a parar a Haití, como Ana Rosa Quintana, que después de rodar el anuncio de la campaña se pone un par de tiros en el camerino y derecha a recoger a sus niños al Liceo Francés en un Cayenne.
Y mientras el mundo es un puto anuncio de compresas, colores, olores, sensaciones y sabores hasta en los profilácticos.

jueves, 14 de enero de 2010

analog boy

-¿Me das un piti cari? -te dije mientras tu cuerpo desnudo descansaba entre las sábanas revueltas-.

Yo era un jodido cantautor de los de antes, de los que desayunaban bourbon sin hielo a las doce de la mañana y, que, de vez en cuando, te obsequiaba con un buen polvo de duración superior a la media. Llevaba camisetas de asas y pantalones beige de pinzas, iba descalzo por la casa con mi Gibson Hummingbird al cuello en busca de acordes que pagasen lo que debía. Siempre tenía tiempo para un trago y hacía bastante que no veía a mis amigos.
Tú eras una femme fatale en toda regla, te gustaban los tacones y los vestidos cortos. Fumabas sin parar y bebías ginebra con un chorrito de tónica a cualquier hora del día. Todo eso me gustaba. Te gustaba Dylan y te sabías al dedillo la discografía de Van Morrison.

Juntos éramos imparables, eras mi puta musa y paría tema tras tema después de aquel maravilloso sexo que me dabas. Por las tardes íbamos a los cafés y por las noches a los bares. Nunca nos separábamos, y siempre teníamos algo de lo que hablar. Como no discutíamos mucho, pero siempre nos reconciliábamos salvajemente. Eran los mejores días de mi vida.

Y luego te fuiste. Desde esa mis baños calientes eran como chapotear en un charco de barro. Las canciones perdieron su alma, y la Hummingbird no sonaba igual. Estuve dos meses sin cambiar las sábanas recordando tu olor. Pronto me enteré de que tenías a otro, un baterista de segunda fila de la banda de acompañamiento de un buen amigo. Aprendí a tocar la harmónica, me compré un dogo de Burdeos y empecé a escribir relatos con los cristales rotos de aquel pasado glorioso. Al fin y al cabo no fue para tanto.

miércoles, 13 de enero de 2010

el premio de consolacion

Imagina por un momento que un día te encuentras a tu padre divorciado al que apenas ves, y cuando lo ves sólo intenta hacerse el enrollado soltándote pasta a mansalva y preguntándote que tal de chochitos, tomando algo a eso de las doce y media de la noche de un jueves cualquiera con una moza un poco más mayor que tú rollo acaramelados. Imagina por un momento que se hace amigo de tus amigos, que se hace fan de las mismas cosas que tú en Facebook o que se folla a tías a las que bien podrías haberte tirado tú una noche de fiesta. Imagina por un momento que, algún día quiso a tu madre y que, puede ser que, fruto de ese amor, nacieses tú. Siempre tendrás la duda, pero tampoco importa demasiado. Mientras tanto tú te la meneas con las fotos de sus ex-novias, esas que le querían por su dinero. Podría decir que todo esto resultaría muy triste o algo difícil de asimilar, y que pobre tu madre... Pero, la verdad, seguro que algo haría, la muy puta...